7 Julio 2009
Ya tenía casi un año sin publicar nada en esta sección, pero la ocasión lo amerita.
El domingo pasado hubieron elecciones en México, una cosa deprimente porque todos sabemos a priori que, pase lo que pase, nada, NADA, va a cambiar. Probablemente por ello hubo un 6% (hasta donde me quedé) de anulación de votos, que es más de lo que registraron unos 3 o 4 partiditos.
Pero claro, como en todo, hay de anulaciones a anulaciones. Lo normal habría sido dibujar una gran X que ocupara toda la hoja pero, como siempre, no faltan aquellos que le imprimen su propio estilo. Aquí los ejemplos que más me gustaron (todas estas imágenes vistas en twitcaps.com, por cierto):

¿El héroe de Ciudad Gótica para diputado federal? ¡Carajo, eso sería simplemente hermoso!

Jajaja. Mucha sinceridad en este voto. Casi puedo ver la cara del sujeto/héroe que tomó esta fotografía leyendo las opciones una a una, para rematar con un sonoro ¡Ni merga!

Y bueno, qué decir de éste. Cuántas carcajadas habrá provocado entre los funcionarios de la casilla en la que fue depositado ese voto. Con dedicatoria para todos los políticos.
servido por Pedro
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11 Junio 2009
Tu piel, tu carne, el músculo que se contrae en tu sonrisa,
caricia tibia que amanece bajo una sábana de noches,
súbito deseo que extiende la mano ciega, la mano muda,
mano extraviada en la hondura de tus sombras,
aire, luna, acaso un gato maullando allá a lo lejos.
Crece el rumor oscuro, trepa por tus piernas,
repta como un animal moribundo que vuelve a su nido,
levitan los cuerpos, se incendian los poros,
oran los labios, galopan los latidos.
Ojos en alba y una gota de lava resbalando por tu sexo,
jardín esbelto que separa tu final de mi principio.
servido por Pedro
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30 Mayo 2009
Hace una semana Contraflujo cumplió dos años de vida y, aunque me percaté de ello, hasta hoy he tenido las ganas de escribir algo al respecto.
Dos años apenas y, sin embargo, muchísimos sentimientos, impresiones, intentos fallidos y relatos. Hace un año teníamos a la versión más deprimente de Pedro escribiendo sobre el primer aniversario, dejando a un lado las buenas formas literarias para cederle la palabra a las pasiones en su estado más puro. Aprendí todo lo que pude de ese Pedro, pero después lo hice bolita y lo tiré a la basura. Y luego lo llevé a los contenedores y me cercioré de que se lo llevara el camión muy lejos.
En estos 12 meses no publiqué un solo cuento en el blog. Primera vez que me ocurre en cinco años de bloguear. Pero sí hice muchos poemas, como premio de consolación. Algunos todavía me gustan, otros la verdad ya entraron en la inevitable categoría de "me dan pena ajena". Pero bueno, en su momento algún significado tendrían.
Hace un año, les pregunté qué secciones les gustaban más, ganando de forma arolladora la sección de "Fotos de la semana" y... ¡ups!, sólo la atendí una vez en las 52 oportunidades que tuve de hacerlo y... ¡ups!, quedó medio chafita, encima de todo. ¿Eso qué nos enseña? Dos cosas, creo yo: 1.Que este no es un blog que desee ser muy popular y 2.Que finalmente voy a hacer en él lo que me dé la gana aunque, claro, siempre esperando que hayan al menos un par de almas perdidas por ahí disfrutando de lo que hago.
Por otra parte, Contraflujo cuenta ya con la interesantísima cantidad de 57,635 visitas, es decir, casi se duplicó el número de visitas en relación a su primer año de existencia... y eso que no hablé de la influenza.
Este año, además, probé varias cosas como, por ejemplo, que no sé dibujar figura humana, pero que en figura gatuna no estoy tan mal; o que soy fan de The Matrix y de Radiohead; o que puedo pasar varios meses metido en un espumoso bloqueo de escritor (entre el 19 de septiembre y el 25 de diciembre no escribí ni una letra).
También me di cuenta de que tanto poema seguramente ahuyentó a quienes visitaban este blog por sus contenidos musicales -antes bastante recurrentes y, a últimas fechas, demasiado olvidados-. Vaya, que ya ni siquiera me dejan mentadas de madre por hablar mal de Axl Rose o Robert Plant. A esos fans rockeritos les digo: tengan paciencia, que ya regresarán las siempre puntuales y atinadas observaciones musicales de un servidor, ja.
Ah claro, lo olvidaba. Ya me leen en 13 países más, llegando a un total de 106, aunque seguramente llegan aquí por error. Y sí, les seguiré debiendo esas chelas prometidas a todos, incluídos los neocaledonios y bruneidarussalameños*.
Así pues, finaliza este insulso recuento de aniversario, confiando en que pueda seguir escribiendo por aquí mucho tiempo más. Gracias, generosos lectores, por compartir su valioso tiempo conmigo.
*Para entender ese mal chiste es necesario haber leído la entrada del primer aniversario.
servido por Pedro
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27 Mayo 2009
Calla.
Deja que vuelen las palabras
como el tizne de un corazón en llamas;
hazlas tuyas.
Las palabras, como el océano en reposo,
serán oleaje en tus oídos.
Deja que las sombras se hagan nudo
si nosotros no podemos,
que sea el agua de la lluvia
y no agua de saliva la que nos empape.
Deja que la luna, menguante,
trepe nuestras noches de insomnio.
servido por Pedro
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21 Abril 2009
No son más que dos cuerpos, dos miradas, dos segundos fugaces,
dos cuerpos dibujados así por el azar,
por la luz de algo que parece un sueño
y que pasa frente a la ventana a toda prisa
hasta perderse tras el horizonte;
un mar de sensaciones rozando sus arenas
como una caricia que viene y va...
No son más que tobillos, voces, días soleados,
cuerpos de colores pintando una historia inverosímil
con sus manos;
palabras y tactos que atacan por sorpresa,
se derraman como viento entre el cabello,
que es cabello pero también es atardecer en movimiento.
Dos miradas esquivas, dos segundos lentos
no son más que dos cuerpos esparcidos por el tiempo, en un solo espacio.
servido por Pedro
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2 Abril 2009
A mí me gusta el rock desde muy chico gracias -en gran medida- a la más fresa de mis hermanas. Yo no soy de esos que se enamoraron del rock porque sus papás escuchaban a los Beatles o sus hermanos grandes lo llevaban a conciertos (el único concierto al que me llevaron fue al de Michael Jackson, y pues muy rockero que digamos, no es). A mí lo que me atrapó fue la actitud.
Sí, la actitud de mi hermana Paty a principios de los noventa, cuando ella escuchaba Guns N' Roses, The Cure, Metallica, U2 o Depeche Mode. Puras joyitas de la época. Y es que en ese entonces la moda era que los hombres tuvieran el cabello largo y que los jeans estuvieran rotísimos. Y Paty se llevaba con pura gente así. Y eso, al Pedrito de 8 años le parecía muy cool.
Conforme pasaron los noventas, las modas fueron cambiando, lógicamente. Y Paty con ellas. De pronto mi hermana ya no escuchaba a esas bandas, ni dio el salto natural a la nueva escena rockera con los Smashing Pumpkins, Placebo o Radiohead. Ella más bien ya escuchaba a Kabah, Enrique Iglesias y Fey. ¡Buu para ella! Jaja.
Pero aquí es justo cuando a Pedrito le empezó a salir vello donde antes no lo tenía y el cuerpo se le desproporcionó terriblemente, así que también era el momento en el que comenzaría a escuchar la música que él quisiera. Y, ¿qué hizo Pedrito? Pues pedirle sus cassettes a Paty.
Aquí quiero hacer un paréntesis, porque mientras escribía esto me di cuenta de que la gente de mi edad pertenece a un grupo muy pequeño de personas que, cuando fueron adolescentes (o sea, entre los 14 y 20 años de edad), utilizaron cassettes, posteriormente CD's y finalmente Mp3. Pero bueno, eso sólo fue un dato cultural, ahora sigo en lo que estaba.
Una vez que Pedrito-casi-Pedro tuvo los cassettes de su hermana, empezó el proceso de selección. Sí, en ese tiempo hubieron muchos tropiezos: llegué a cantar "Experiencia religiosa" o alguna estupidez de Jon Secada, y aunque no sabía qué, yo me daba cuenta de que había algo que andaba mal en todo eso. Así que pronto, afortunadamente, mi distribuidora oficial de música comenzó a pasarme los cassettes con sus rolas favoritas de Guns. ¡Gracias!, retiro el buu de allí arriba.
De Guns N' Roses fue muy fácil dar el paso a Metallica y de ahí a Nirvana y de ahí a Radiohead y de ahí... bueno, ahí sigo. Pero lo importante aquí es que de no haber sido por esos cassettes, tal vez ahorita estaría tarareando alguna babosada de Reik o Sin Bandera.
Así pues, la moraleja es: tengan cuidado con lo que contiene el iPod que le prestan a sus hermanitos, porque el Rock Band solito no va a poder guiar sus almas hacia el buen camino.
servido por Pedro
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2 Abril 2009
Ayer hace 10 años se estrenó The Matrix, una de las películas más emblemáticas de esta década, a pesar de pertenecer a la anterior.
Yo me acuerdo que fui a verla al cine con mi hermano y su mejor amigo, y que los tres salimos bastante emocionados. También recuerdo que mi hermano comentó que sería bueno que hicieran una secuela, pues había mucha tela de dónde cortar. Parece que lo mismo pensaron los hermanos Wachowski, aunque el resultado ya todos lo conocemos.
The Matrix es una cinta que contiene todos los ingredientes para ser grande. Su argumento es interesantísimo y plantea preguntas que han mortificado durante siglos a los filósofos, y que también nos ponen a pensar bastante a todos los mortales: ¿y si la realidad no es lo que parece?, ¿y si solamente estamos "programados" para interactuar de cierta forma, sin libertad alguna?, ¿qué tal si nada de lo que vemos es real?, etc.
Pero la historia no es lo único destacable en The Matrix, pues también revolucionó la industria de los efectos especiales y, hasta donde yo sé, nadie ha hecho nada más impresionante desde entonces. Ni el Silver Surfer de Los Cuatro Fantásticos, ni los Transformers, ni ningún otro blockbuster hollywoodense. La escena en la que Neo se retuerce para esquivar balas, o en la que pelea contra Morpheus, o los números verdes cayendo en la pantalla son parte de la memoria colectiva, y las parodias e imitaciones no han cesado hasta la fecha.
El soundtrack también es espléndido. Marilyn Manson, Propellerheads, Rage Against the Machine y Rob Zombie, entre otros, aderezaron cada golpe de Neo, cada patada de Trinity, cada segundo de un guión estupendo.
The Matrix es una película de culto generalizado, una película que simplemente tenía que existir y la cual no me cansaré de ver nunca.
servido por Pedro
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24 Marzo 2009
Da mucho coraje cuando uno va al cine y se encuentra con un buen argumento en pantalla, pero con una dirección, unas actuaciones o, lo peor, un final facilito que termina dando al traste con la historia. Porque si uno va al cine y se encuentra con una película mala de pies a cabeza, bueno, pues al menos queda la satisfacción de haber disfrutado unas palomitas particularmente mantequillosas.
Las tres veces más recientes que he tenido esa sensación de "¡agh! hicieron lo más difícil y el final estuvo muy teto", ha ocurrido -sospechosamente- con cintas de Disney. Y digo "sospechosamente" porque me parece que no es casualidad que la famosa casa productora tenga que ver algo en esto.
Probablemente Disney tiene un reglamento pegado al lado de las computadoras donde los guionistas trabajan, en el que los obligan a cerrar sus historias y, además, a cerrarlas de forma que todos los personajes sean felices (claro está, exceptuando a los villanos). Lo malo del asunto es que entonces la empresa de Mickey Mouse cada vez sorprende menos, anulando la llamada "vuelta de tuerca" del final. Es decir, cualquiera que haya visto al menos 10 películas de Disney, ya sabe en qué terminará todo, aun cuando reste media hora de proyección.
Sí, ya sé que el mercado objetivo de Disney son los niños y entonces resulten razonables sus finales felices, pero está claro que los niños también han cambiado y ya no son tan ñoños como antes. Por eso Shrek tuvo tanto éxito; por eso Harry Potter, Los Simpsons, Star Wars o Batman son las franquicias que más muñequitos venden. Los niños no necesariamente quieren finales felices.
Y bueno, todo esto viene a colación después de haber visto Encantada, Cuentos que no son cuento y Bolt. Y también, en menor medida, la tercera parte de Piratas del Caribe.
Una princesa salida de un tradicional cuento de hadas que cae en el mundo real y su adaptación a ese nuevo entorno, mientras que la gente la ve como una loca por andar cantando por cualquier cosa y hablando con los pajaritos, me parece una idea genial. Y lo fue... hasta que Disney se acordó de que su target era una audiencia con poco criterio. O más bien, hasta que Disney creyó que su target era una audiencia con poco criterio.
O qué me dicen de un sujeto que le cuenta cuentos a sus sobrinos, que más tarde se vuelven realidad para él. También eso tenía mucha tela de dónde cortar, pero al final... ¡cuas! Lo de siempre.
No ahondaré en la trama final de esas historias por respeto a quienes no las han visto, aunque es altamente probable que si ya vieron alguna cinta de Disney en el pasado, tengan ya una clara idea de cómo culminan.
He dicho.
servido por Pedro
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