Playmobil
¡Ahhh los playmobil! Esos sí son juguetes, no el Nintendo DS o el PSP.
-No, momento, no debo sonar anticuado desde la primera línea, eso va contra las reglas. Va de nuevo:
¡Ahhh los playmobil! Esos sí son juguetes, tan divertidos como el Nintendo DS o el PSP, aunque probablemente los primeros hagan mayor uso de la imaginación de los niños.
-No, no, no. Muy mal. Sigo sonando como viejito hablando del balero y el "bote pateado". Una vez más:
Los playmobil son juguetes de primera. Combinados con entretenidas consolas portátiles como el Nintendo DS y el PSP, hacen de la infancia un verdadero deleite.
-¿Qué me pasa? ¡A la verga con la retórica!:
Los playmobil son la pura ley, y todos los demás juguetes son una mierda.
-Exagerado, pero mucho mejor.
Cuando yo era niño me gustaba un montón jugar con los playmobil. Era requete padre darle una personalidad diferente a cada muñequito, a pesar de que lo único que los distinguía entre sí era el pelo (desmontable, como saben) y su ropa (pintada, no desmontable, como también saben).
Recuerdo que, por alguna (extraña y desconocida) razón, yo sólo categorizaba las personalidades de mis playmobil en 4 diferentes:
1.El graciosito, valemadrista, impulsivo (que, con los años, se convirtió en el prototipo preferido de mis cuentos, aumentándole lo borracho y mujeriego).
2.El inteligente, virtuoso, razonable (ñoño, pues).
3.El sumiso, obediente, prudente (más ñoño, pues).
4.El ecuánime, equilibrado, versátil. Podía estar de acuerdo con cualquiera de los anteriores, dependiendo de la situación. (villamelón, más que nada).
Y a partir de estos moldes me creaba las historias, las cuales, por cierto, terminaban casi siempre en tragedia. Más aun cuando descubrí que se les podía pintar sangre en sus caritas de plástico con un lápiz de color rojo humedecido de la punta.
Por lo general moría alguno de ellos (de preferencia, por el que yo sintiera más empatía, pa que doliera), y como me gustaba tener cierta coherencia en mis juegos, para la siguiente vez que usaba los mismos playmobiles
-Chin, ahora por castellanizarlo, supongo que debo acentuar playmóbil y playmóbiles.
les cambiaba los nombres y su historia personal. Los escenarios también eran modificados. Podían estar en el mar o en una montaña; en una oficina o en la escuela; en el circo o en una cueva. También la época histórica podía manipularse.
Ahora bien, me parece oportuno aclarar que cuando yo jugaba con mis playmobil ya existía el Game Boy (versión prehistórica del DS), sin embargo, aunque sí lo utilizaba para pasar el rato, nunca tuvo la misma intensidad (ni libertad creativa) que aquéllos.
-Espero que los lectores no me vean como un detractor que odia a los videojuegos. Tengo que arreglarlo.
¡Amo a Nintendo y a todo lo que tenga que ver con juegos virtuales!
-Uff, la salvé.
Pero ni Zelda, ni Mario, ni Megaman se pueden comparar con ser Dios.
-No, retráctate, o vas a perder a todos los fanáticos religiosos que te están leyendo.
Bueno, quizá no tanto como ser Dios, pero sí imaginar que unos pequeños personajes tienen vida propia, y saber que tú controlas sus destinos a tu vil antojo. Si quieres que sean gays, hazlos gays; si prefieres que sean ricos, ¡voilà!, ricos serán; si los quieres matar sádicamente, es tu facultad hacerlo. ¿A poco no es la mera neta tener todo ese poder?
Yo digo que sí, por eso me gustaban los playmobil. Claro que, en realidad eso se puede hacer con cualquier cosa: un par de corcholatas, un puñado de palillos para dientes, frijolitos, dulces, clips, cigarros
-No güey, los niños no deben jugar con cigarros.
pelotitas, o lo que se tenga a la mano pero, indudablemente, funciona con mayor facilidad si tienen un rostro pintado.
El único defecto que les veo a los playmobil es que todos están sonrientes, y eso entorpece un poco el plan de hacerlos sufrir,
-Aunque quién sabe, tal vez con ello los niños aprenden a temprana edad el difícil concepto de masoquismo.
pero es lo de menos, que al fin y al cabo, para eso existen los lápices de colores: azul (para las lágrimas), negro (para torcerles el gesto), violeta (para marcar madrazos), y lo mejor: todo se puede revertir con menos de 100 ml de agua, por si te da remordimiento de conciencia.
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Ale dijo
¡Qué cosa! Yo te veía jugar con tus playmobil... de haber sabido que tu mente retorcida los torturaba, me habría acercado a ti para sacudirte las neuronitas...
Me hiciste recordar nuestra infancia, tú con tus pitufos y Paty y yo con las barbies, ¿te acuerdas?
Más besitos
Little-big Sis
24 Mayo 2007 | 08:08 PM