Guns N' Roses se redime
Está bien que un grupo quiera hacerla de emoción pero ¡¿tres horas de espera?! Aunque claro, ya Axl lo había hecho en Guadalajara, así que al menos la gente que asistió al Palacio de los Deportes ya estaba preparada mentalmente.
Dos bandas abridoras, un partido de la Selección y una buena dosis de cerveza, fue lo que impidió que se armara una revuelta en el abarrotado lugar. Aun así, cuando daban las 11:30 de la noche y Guns N’ Roses ni sus luces, el ambiente ya era de cansancio y desesperación.
¡Ah!, pero Axl no es ningún novato, y todo lo tenía fríamente calculado para que, cerca de las 12, los acordes de “Welcome to the Jungle” retumbaran entre fuegos artificiales, luces multicolores y una ovación como pocas agrupaciones se han llevado en aquel recinto.
No había fe en este nuevo Guns N’ Roses. Todas las críticas a sus giras anteriores terminaban con la palabra “desencanto”. Además, los 45 años de Axl, su voz más ronca y su pose de rockstar infumable, no eran tampoco un buen augurio.
Sin embargo, las primeras canciones del repertorio dieron un vuelco a esos temores, y regresaron al viejo Axl a su pedestal.
Es cierto, ya no está Slash y tres guitarristas tienen que hacer lo que él solito hacía antes; por momentos el baterista se perdía entre la trepidante marea de requintos de sus compañeros; y el sonido evidentemente pretendía ser idéntico al del tour Use Your Illusion, que trajo al grupo original a principios de los 90.
¿Y qué? Eso es finalmente lo que todos deseaban: un Guns N’ Roses por el que no hubieran transcurrido los últimos 15 años y, para gozo de sus fans, eso es precisamente lo que Axl consiguió.
En “Sweet Child O’ Mine”, el señor Rose salió vestido con un típico traje de charro mexicano, con sombrero y toda la cosa; en “Knockin’ on Heaven’s Door” se envolvió en la bandera tricolor y, por si fuera poco, hasta una versión del Jarabe Tapatío en guitarra distorsionada se pudo escuchar.
Así que, ya con el público a sus pies, Axl hizo un repaso a los temas más importantes de la banda: “November Rain”, “Patience”, “Nighttrain”, entre otros, hasta culminar con “Paradise City”, en medio de una incontrolable gritería.
De esta manera, el nuevo Guns N’ Roses salió a despedirse cuando casi daban las 2 de la madrugada, en martes.
Pero la hora no le importó a los señores que llevaban un paliacate en la cabeza, como seguro lo utilizaban hace años, aunque ahora sólo les sirviera para cubrir su calvicie; ni a los muchos adolescentes que ni siquiera habían nacido cuando el último disco de Guns salió a la venta; ni tampoco a los jóvenes que traían puesta una falda escocesa a la Axl, un sombrero de copa a la Slash o un exuberante peinado al más puro estilo ochentero.
Ellos, todos ellos, salieron del Palacio con una sonrisa, como si recién volvieran de un viaje al pasado, dos décadas atrás.
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Lazarus dijo
Hermano ¿estás insinuando que otra vez eres fan de Axl? Ahora sí lo he leído todo.
Abrazos.
8 Junio 2007 | 09:16 PM