La Coctelera

Contraflujo

Todo es cuestionable

19 Junio 2007

Cuesta abajo en el paseo de los sueños destrozados

No importa. Siempre habrá un escalón más abajo. Y siempre habrá también cervezas. Y mujeres. Y ebrios desempleados con quiénes platicar de pasados sueños futuros. Y mujeres, más mujeres. No todas iguales, claro, pero eso no importa.
Y los imposibles serán posibles, y después nuevamente imposibles. Y las lágrimas tendrán nombres propios. ¿Y a quién le importa?
Los días te serán todos iguales, sin cortes entre uno y otro, hasta que aprendas a caminar por entre cicatrices. Y desees estar muerto. Y cuando lo desees más que nadie en el mundo te des cuenta de que no es lo que quieres realmente. O que no te atreves. O un poco de ambas.
Entonces serás libre. Y tendrás mucho tiempo qué gastar. Y la noche será tu amiga. Y las mujeres. Las mujeres también serán tus amigas, pero nunca más amarás a una. O las amarás a todas sin que lo sepas.
Amigo, no importa. Porque no serás el primero ni el último. Si vas a la calle verás a algunos. Si vuelves a casa verás a varios más. Y cada día cuando salgas de bañarte verás a otro, desnudo y despeinado. Con la mirada perdida. Cansado de buscar. Con aliento alcohólico. Perdido.
Luego vendrás a pedirme consejo. Y solamente te voy a mirar unos segundos antes de alcanzarte una pluma y un papel. Vas a intentar escribir en él. Pero nada más vas a poder dibujar círculos concéntricos, y después te lo vas a comer. Y pedirás otra cerveza.
Con un poco de suerte conocerás a una mujer que te cocine a diario. Y si eres más afortunado aun, no te dejará sino hasta pasados cinco o seis meses. Y luego llegará otra a la que le repetirás el mismo discurso.
Pero mi amigo, eso tampoco importa. Porque después se te caerán los dientes. Y la barriga. Y el pene. Y así ya no va a haber a quién saludar al volver de la taberna. Pero no pongas esa cara. En la taberna encontrarás a buenas personas. Y quizá algunas de ellas te quieran acompañar por un trago a casa. Por eso es importante que siempre guardes una o dos botellas de reserva, más las que vayas a tomar. Y un poco de agua, para que no se acabe tan pronto.
No llores. Hay más cosas buenas. Está, por ejemplo, toda tu libertad. No habrá reglas, más que aquellas que nos puso la naturaleza: tienes que salir por un pedazo de pan de vez en cuando, y tienes que conseguir un cuarto con baño para poder orinar y vomitar cuando haga falta. Pero los días, a cambio, serán todos tuyos. Y cuando veas a la gente con prisa, y tú puedas arrastrar los pies entre toda esa confusión, sabrás que has ganado.
También tendrás que adiestrar a algunos perros, para que te protejan de otros como tú, y para que puedas robarles las sobras que les echen. Los gatos no. A esos mejor de lejos.
¿Quieres otra cerveza? A mí me parece que sí. Tienes que desear siempre otra cerveza. Y más cuando te la ofrecen. Y yo te la estoy ofreciendo ahora. Hasta que despiertes en otra taberna. O en un parque. O en algún otro lugar. Y lo primero que tienes que hacer entonces es buscar más bebida. Porque si no, es posible que vuelvas a las prisas, y al trabajo, y a los enamoramientos. Y eso, ambos lo sabemos, no es lo que quieres.
En la gaveta donde guardes el ron esconde también un par de discos de jazz. Y asegúrate de tener dónde reproducirlos. Se me había pasado comentarte ese importante detalle. Sin jazz no hay borrachera que valga, ¿lo entiendes? Claro que lo entiendes. Por eso asientes con la cabeza, aunque no puedas levantarla de la mesa.
Mira, ahí va entrando una mujer. Sólo vienen aquí cuando necesitan olvidar a un hombre que las ha engañado. Y tú eres el indicado para hacerlas olvidar. Así que anda, ve con ella e invítale un trago. Va por mi cuenta. Pero no te quedes ahí, muévete o te la van a ganar. Eso es. Con decisión.
Y ahora nos hemos quedado nuevamente solos tú y yo. Pero regresará. Le hace falta un poco de manoseo, y después vendrá a pedirme otra cerveza. Y con gusto se la daré. Mejor a él que a una mujer. Ya no perdemos el tiempo en esas cosas. Ni ellas lo pierden con nosotros. Alguna jovencita de vez en cuando. Pero sólo para descargar. Y luego otra vez tú y yo.
¿Qué te parece? Nuestro amigo no ha tenido suerte con esa mujer. Creo que le vendría bien otro trago. A él, y a ella también. ¿Qué dices, se los mando? Estoy de acuerdo, es lo menos que puedo hacer por él.
Yo también quiero otro. Porque ¿sabes?, ya nada importa. Ni las palabras de amor, ni las palmadas en la espalda, ni los putos noticieros, ni la suerte. No importa.
¿Ya viste? Esta vez sí ha funcionado. Nuestro joven amigo se ha ganado a la mujer. Brindemos por ello.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mo24590

mo24590 dijo

No hay quien no Dispare el viernes por la Noche.

19 Junio 2007 | 12:52 PM

Diana

Diana dijo

Ay, ESCRITOR, y ahora escribiste como un joven que está imaginando cómo se sentirá de viejo. ¡Naaaaah, mi niño! ¿Que no sabes que ustedes no se deprimen así cuando se les cae el pelo y la panza y todo lo demás? ¿Y ahora menos con las pastillas azules? No, mi niño. Te acordarás de mí. Tendrás 80 años cuando pienses como el hombre de tu escrito y tú y yo sabemos que los fumadores no duramos tanto. Los hombres entre 45 y 50 se regalan una nueva adolescencia (harto ridícula, pero ni modos) que les dura lo que les dura la lana qué sacarles y el frasquito de pastillas. Siempre habrá una tipa detrás de su coche y sus centavos dispuesta a pasar pena paseándose del brazo de un vejuco. No te apures. Mejor empezar a ahorrar para esos menesteres desde joven, mientras más lana, más les dura el bochinchito.

Saludos;
Di-Ana

20 Junio 2007 | 08:27 AM

Diana

Diana dijo

A propósito, Peter, el título te quedó como pa'cortarse las venas. ¡Ay, dolor, ya me volviste a dar!

20 Junio 2007 | 08:29 AM

kilometro-0

kilometro-0 dijo

No creo que la depresión sea un asunto de jóvenes o viejos, en tu relaro describes muy bien, el sentimiento de una persona que está en esa crisis, si eso es definitivo o es cuestión de un periodo de tiempo nunca se sabe cuando caes al vacío. Y por lo demás, no comparto, Diana tu visión de las mujeres que sólo buscan el dinero y de los hombres que su meta es hacerse acompañar por ellas. en el mundo hay de todo, con lo que hay personas que se mueven por afectos y sentimientos desinteresados.
El protagonista ve las cosas como las ve porqeu cuando estás deprimido es todo así y sobre todo te invade una incapacidad invalidante para encontrarte con personas que no sean de cartón pidra. Porque cuando estás mal, cuando tú mismo te desvalorizas, va a parar a donde aún te hundes más, al alcohol, personas que no te ven si no es por lo que puedan sacar de tí etc... Maldita vida si un hombre sólo puede pensar en ahorrar para hacerse acompañar cuando sea viejo y comprar pastillas para falsificar la pasión.

20 Junio 2007 | 12:39 PM

Diana

Diana dijo

Lo siento, Peter. Escribí mi comentario de madrugada (aunque ahí aparezca como a las 8 am, serían como las 3:00 am cuando lo hice). Creo que el cansancio me hizo "autobiografiar un poco". Me he vuelto de lo peor, mi niño. Una sarcástica de porquerías.

Pero te quiero mucho como siempre. ¡Ánimos arriba, Escritor! Que ahora es cuando le quedan sueños por delante. Nada de cuestas abajo... ni siquiera pedo y tropezado ¿eh?

Besos;
Diana

20 Junio 2007 | 07:10 PM

::: iVAN::

::: iVAN:: dijo

Pedro. Leí. Respiré. Te respiré. Sonreí. Caminé. En tus palabras caminé. Me toqué el cabello. Miré hacia la ventana. Te vi. No estabas. Y después. Te leí otra vez.

Me ha encantado este lugar. Nuevo sitio de estar tuyo. Suave. Natural. Perpendicular y paralelo. Genial.

Te dejo. Pedacitos de palabras. Mías. Tuyas. De ambos.

Iván
......
PD. No lo pude evitar y tomé una frase de este texto y la agregue a mi lista de favoritas.

21 Junio 2007 | 03:58 PM

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Pedro detesta a las cucarachas, a los racistas y a la carne por igual. Pedro no sabe nada de integrales ni derivadas. Pedro fuma. Pedro escribe de noche. Pedro ama lo suficiente a los libros como para leerlos, pero no tanto como para atesorarlos. Lo mismo le sucede con las mujeres. A Pedro la única bebida embriagante que le gusta es el tequila. Pedro ríe cuando ve los Simpsons, y llora cuando escucha Radiohead a solas. Pedro cumplirá tus más imprudentes fantasías lectoriles.
   

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