La Coctelera

Contraflujo

Todo es cuestionable

9 Julio 2007

La última línea

La primera y la última línea de un cuento siempre deben ser las más impactantes, como sugería Quiroga. Pero hay veces en las que el escritor tiene que empezar por la última oración. Decir con las primeras palabras el final de una historia, y luego explicar por qué terminó de esa manera.
-¡Vete al diablo! –dijo él.
Esa frase no sólo estaba conformada por fonemas, silencios y poquísima retórica, sino también por el último resquicio de fe y confianza en alguien. En ese alguien hacia quien iba dirigida la sentencia.
Pero antes de que él dijera “¡vete al diablo!” ocurrieron muchas cosas. Por ejemplo, conocerla a ella.
Fue una noche, o una tarde quizá (ése es un dato sinceramente intrascendente) cuando se vieron por primera vez. Ambos reconocieron algo en el otro, aunque no reconocieron qué era ese algo. O no quisieron ponerle nombre a ese algo.
Es posible que ese día hiciera frío, pues era invierno, pero eso no importó, ya que lo que sus ojos vieron era capaz de atravesar hasta al más grueso de los abrigos. Sin embargo, ese algo que se dijeron tan fácilmente con la mirada, no se lo dijeron hasta mucho tiempo más adelante con palabras.
-Te amo –dijo ella.
Más que como las dos palabras más gastadas de la historia de la humanidad, ella las había pronunciado como si hubiera sido la primera vez que se dijeran en el mundo entero. Y él las creyó.
No había sido fácil llegar hasta ahí. Cruzaron antes un valle de experiencias compartidas y morosas decisiones. Cada pieza se había movido durante siglos para ponerlos a ambos en el mismo lugar, a la misma hora, con las mismas necesidades.
Pero el lapso de tiempo fue corto, como sucede con todas las cosas buenas. Luego llegaron sin avisar los juicios aventurados, las dudas eternas, la inestabilidad emocional. Y lo que algún día fue especial, se había convertido inesperadamente en un cúmulo de celos y reclamaciones.
-¿No significó nada para ti? –dijo él.
Palabras voraces, como cualquier poeta sabe. Una interrogante cuya solución todas las mujeres tienen en la punta de la lengua desde el día en que nacen.
-Fue lindo, pero no podía continuar –dijo ella.
Una aseveración evidentemente debatible desde cualquier punto de vista lógico y, sin embargo, con un sabor tan a punto final que es capaz de silenciar al hombre más audaz.
Todo lo que comienza, debe terminar. Y además debe ocurrir siempre en una forma que asombre, que deje pálido de terror o que de la nada dibuje una sonrisa, según Quiroga.
Mas no así en la vida real. Donde hubo pasión, queda la inevitable sensación de un elaborado engaño, una simple simpatía; cuando las madrugadas parecían un sueño, comienzan a recordarse como una pesadilla; y cada verso se transforma en el vapor de una risible ingenuidad. Y los dos que decían amarse, entienden, cada cual a su manera, que fue solamente un espejismo.
-Estoy cansada –dice ella.
-¡Vete al diablo! –dice él, o quizá sólo lo piensa.

Tags: cuento, amor, desamor

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Diana

Diana dijo

Quizá, escritor, lo verdaderamente bueno de este tipo de cuento está en lo malo, y comienza justo en el final, como ocurre con los cuentos de las no-princesas después del "fueron felices para siempre". Porque uno no se muere con un "vete al diablo" (dígalo uno o el otro) sino que sigue por ese túnel que primero es oscuro y lleno de piedras de desánimo y espinas de desengaño y vampiros de insomnio, de enojo y depresión. Ahí te vas dando tumbos y trancazos hasta que se allana el camino y las piedras se van haciendo más chicas y las espinas romas... Al final siempre habrá luz. Llegar a ella toma tiempo: ese viejo paciente que nos consuela de a poco. Ah!!!!! Pero ni te creas que la luz del final es igual que la que había antes de entrar al túnel. No señor!!! O sí, pero ya no la verás del mismo modo. Y yo diría que puedes mirarla de dos o tres o más modos o de plano ni mirarla. Al fin y al cabo el ojo humano es adaptable a las sombras.

Opciones selectas:

1.- Volverse un H d P profesional, algo así como un canalla para siempre, un sucio y mediocre que le hace a todo el mundo lo malo que le hicieron. Un marranito, pues.

2.- Echarse a morir y no volver a levantarse y un día darse cuenta de que todo el mundo siguió girando y viviendo y nos pasó por el lado y hasta nos escupió, y le valió madres que nosotros nos quedamos ahí tirados en un rincón miserable pudriéndonos. En resumen, hacer de pendejos sin necesidad.

3.- El más común de todos los lugares comunes: Darnos un tiempo para sufrir y luego levantarnos, secarnos los ojitos, sacudirnos el pantalón, darle con la pata a la puerta pa'cerrarla y dejar del otro lado todo lo que pasó y empezar de ceros, sin mucha expectactiva pero sin amarguras... a ver qué pasa (posiblemente pase lo mismo más adelante porque el hombre es el único animal que tropieza dos y más veces con la misma piedra).

4.- La que a mí me gusta. Cambiar dolor por rabia. Ay, mi niño, no sabes las fuerzas que es capaz de crear la rabia. Nos hace grandes, fuertes, enormes, soberbios, invencibles, ambiciosos y listos. Con ella nos crecemos, nos ocupamos de hacernos, reinventarnos, alcanzar lo que buenos, sanos y felices no hubiésemos alcanzado nunca de tanta güeva. Porque uno feliz se apendeja, amigo, pero enojado se despierta y saca garras y le quita el cuero a la vida sin anestesia así como ella nos lo quita a nosotros cuando nos encuentra entretenidos jugando a ser felices.

4 1/2 o 5)- Volverte un superhéroe como Batman o el Dr. House, cagarte en las cursilerías, no permitirte más hacerle de juguete a nadie y dedicar todo ese como se llame (¿le dicen amor?) y esa pasión, ese enojo y esa tremenda desconfianza que queda dentro a un buen fin. Dar y dar y dar y cuando menos pienses no sabrás de dónde sale tanta gente que "te quiere" (¡aguas! es la mejor manera de encontrar a otro corazón estropeado con quien escribir otro tomo de la historia).

Por todo lo anterior, le agregaría a lo dicho por el Sr. Quiroga, que después de la cara de terror o la sonrisa apendejada, todo final debe dejar (como saga de Hollywood o mejor, los cuentos inconclusos de J.R.R.Tolkien) la sensación de que el cuento como que no terminó del todo, que queden dudas, comezones, ganas de saber más... Desde el punto de vista económico es muy conveniente, así el escritor se asegura de una vez la venta de los volúmenes siguientes de la saga.

Y después de esta Biblia con apócrifos antiguos, contemporáneos y recién envejecidos incluidos, te dejo un abrazo y un beso. Escribes de poca, Escritor. Me gustó mucho.

Di-Ana

11 Julio 2007 | 07:21 AM

Ale

Ale dijo

¡Qué cosas! Ojalá que ese "vete al diablo" sea real y no sólo palabras (o pensamientos) que se los lleva el viento...
A veces, con sólo una palabra o una seña del otro, se olvida el pasado y se vuelve a empezar, otras veces no se olvida nunca
Lo verdaderamente importante es que enamorarse no es malo, siempre y cuando se aprenda la lección
Un beso,
Ale

19 Julio 2007 | 06:34 AM

Tete Chan

Tete Chan dijo

Queridos amigos y amigas,
ya lo dijo de manera muy sabia mi admiradísimo maestro Don Enrique Jardiel Poncela:
"El amor es una comedia en un acto: el sexual" por qué intentar disfrazarlo de epopeya?

23 Julio 2007 | 06:05 AM

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Pedro detesta a las cucarachas, a los racistas y a la carne por igual. Pedro no sabe nada de integrales ni derivadas. Pedro fuma. Pedro escribe de noche. Pedro ama lo suficiente a los libros como para leerlos, pero no tanto como para atesorarlos. Lo mismo le sucede con las mujeres. A Pedro la única bebida embriagante que le gusta es el tequila. Pedro ríe cuando ve los Simpsons, y llora cuando escucha Radiohead a solas. Pedro cumplirá tus más imprudentes fantasías lectoriles.
   

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