Uno de los más ambiciosos deseos de mi vida es jamás convertirme en un viejo de esos que dicen “en mis tiempos era mejor” esto o aquello.
El día que me descubra diciéndoles a mis hijos que cómo se atreven a llamarle música a la porquería que escuchan, o criticándoles su exótico peinado entintado en cinco colores, sabré que me he fallado a mí mismo.
Tal vez por eso, ahora, a mis 24 años (y aún sin hijos), una de las cosas que más me obsesionan es mantenerme al tanto con la escena musical. No decirle “no” a una rola o a un grupo, sin antes darle una oportunidad. Algunas veces la oportunidad no dura más de 10 segundos, pero es una oportunidad al fin y al cabo.
Antes, he de admitirlo, no lo hacía. Cuando estaba en la preparatoria me acuerdo de que apenas sabía que tal o cual cantante le gustaba a la niña más fresa de la escuela, yo ya lo juzgaba de comercial o plástico.
También he de decir que la mayoría de las veces que los prejuzgué, acerté con respecto a su dudosa calidad, pero sí me llevé algunas sorpresas en el trayecto.
Vamos, que por aquellas fechas lo más in era Backstreet Boys, N´Sync, Britney Spears y Christina Aguilera.
Comerciales y plásticos, no hay duda de ello. La mayoría de ellos sin talento alguno, pero con una buena maquinaria trabajando detrás hasta que la propuesta se desgastara. Y lógicamente se desgastó al poco tiempo.
A principios de la década actual el hip hop y el R&B absorbieron gran parte de los géneros populares, y terminaron (gracias a Jesucristo, Buda, Mahoma y Confusio) las llamadas boy bands. Pero el punto no es ése, sino que tras el desenmascaramiento de esos fraudes, los que sí tenían algo más que una cara bonita lograron colarse a las listas de hasta nuestros días.
Por ejemplo, Christina Aguilera demostró que tiene una gran voz, y eso la ha mantenido más o menos fresca. A Justin Timberlake alguien le hizo ver que de los N’Sync él era el único con capacidades para crear música y no solamente interpretarla, y ahora es el popstar número uno de los Estados Unidos.
Bueno, ninguno de ellos es un genio, así que no me malinterpreten. Pero sin duda llegan a componer cosillas interesantes de vez en cuando, lo cual me sería suficiente para no tener que sermonear a mi hipotética hija sobre el verdadero sentido de la música, y atosigarla con mp3 de la Jimi Hendrix Experience o la Velvet Underground (que ni siquiera son de mis tiempos).
Por eso trato de entrarles a todos los géneros que mi limitado cerebro permite (mi cerebro me tiene estrictamente prohibido escuchar reggaeton, cumbia y banda), y buscarles cosas positivas.
Por eso también trato de adelantarme un par de años en gustos, aunque mis amigos hagan cara de estreñimiento cuando los pongo a escuchar canciones “raritas”.
Y digo, la música mediocre siempre ha existido y siempre existirá, y además eso sucede en todos los géneros, desde el jazz y la música culta, hasta el metal y el country. Pero también es un hecho que cada cual es una aportación a los sonidos del futuro que, finalmente, son los que escucharán mis hijos.