Un ridículo heptasílabo
Sostiene entre dos dedos
una hoja aún en blanco
y en la boca un cigarro.
¿Será acaso su cuerpo,
o tal vez su cabello?
No es nada de eso ahora
ni de lo otro tampoco:
serán los celos de ella
o quizá sus ronquidos
los que muevan la mano
del que escribe un soneto
para ser perdonado.

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yeidy layei dijo
pedro cumplira tus mas imprudentes fantasias...INTERESANTE....TOC TOC.
6 Febrero 2008 | 03:16 AM