En el 2001 comenzaba un año que 35 años antes había sido concebido en la mente maestra de Stanley Kubrick, en una de las mejores obras de ciencia ficción de todos los tiempos. Simultáneamente comenzaba el siglo XXI, dejando para la historia los anticuados 1900’s con todo y nuestros natalicios.
En la escena musical –específicamente en el rock- se gestaba un cambio de look, estilo sonoro e influencias. De pronto en la TV aparecía el video de 5 jóvenes con toda la pinta de estar viviendo en una década pretérita. The Strokes anunciaban la llegada de un fanatismo por lo retro en los años venideros.
George Harrison, el siempre experimental guitarrista de los Beatles, murió el 29 de noviembre; Joey Ramone, vocalista de la primera banda punk en vender miles de discos –The Ramones- murió el 15 de abril. Así que unos pasaban la estafeta a otros, sin darse cuenta de ello.
Para rematar, un aparatito que servía para escuchar y almacenar música, y que cabía en el bolsillo de cualquier persona, nacía: el iPod salía a la venta, sin saber que millones de unidades serían distribuidas por todo el mundo en poco tiempo y que, a la postre, dominaría a la raza humana, tal como satiriza Matt Groenning en un capítulo de Los Simpsons.
Por otra parte, el 2001 fue declarado el Año Internacional del Diálogo entre Civilizaciones. El 11 de septiembre, 2,973 personas murieron en un ataque aéreo a las Torres Gemelas, en Nueva York. Desde entonces se han vendido muchos boletos en las taquillas del cine para ver cintas que han explotado (válgame el término) el suceso.
En el 2001 te conocí. No hubo amor a primera vista, aunque me hubiera gustado para escribirte un poema al respecto. Tampoco hubo amor a segunda, tercera o cuarta vista. Pasaron muchos meses antes de que nos reconociéramos, de que nos diéramos cuenta de que no estábamos hechos la una para el otro, y que por eso mismo es por lo cual teníamos que estar juntos.
En el 2001 te besé por primera vez. No fue el mejor beso de nuestras vidas, y aun así nos lo guardamos muy adentro en la memoria.
En el 2001 nos destrozamos, discutimos, lloramos, aparecieron los fantasmas de tiempos pasados; sin embargo, también nos consolamos, nos reímos, seguimos practicando nuestros besos, afrontamos juntos los problemas –que no eran pocos- y supimos entregarnos. Pero, sobre todo, aprendimos a amarnos.
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En el 2001 conocía ya a mi esposa, que no era mi esposa, ni mi novia, ni mi pareja. Sólo una amiga, poco amiga, una conocida no más. Tardamos dos años más en estar juntos, en mirarnos siquiera de una forma diferente. Cuánto tiempo perdido, me digo en ocasiones. Pero también creo que necesitábamos vivir más como conocidos antes que amarnos para ser, como ahora, felices. Tal y como se puede ser feliz, claro.
2001 fue un año bastante trágico, escritor. No por las torres gemelas nada más, ni por cómo capitalizó Estados Unidos una tragedia de la que estaba enterado mucho antes de que ocurriera y la permitió sólo para tener excusa para invadir aquéllos países que han sido su piedra de tranca para hacerse con el petróleo de Kazajtan y del Golfo Pérsico y ni hablar del de Irak. No, creo que eso es sólo parte de lo diabólico del 2001 que le cambió la vida a millones de niños y adultos sobrevivientes de tanta maldad. También a nivel personal creo que muchos conocimos en ese año a gente que nos modificó la existencia para siempre, que nos hizo dudar de Dios, de nosotros, de lo que creímos ser hasta el momento. A algunos les borraron para siempre ciertas palabras de su vocabulario. Pero de 2001 lo mejor (porque todo tiene algo bueno) fue que nos puso de frente y sin anestesia delante de LA VERDAD.
A propósito de todo eso, mirando las estadísticas de las muertes en las torres gemelas conseguí que aunque allí trabajaban varios cientos de judíos... ¿adivinas? Ningún muerto fue judío!!!! Raro, no!!!! O HaShem se comportó muy bien con SU "linaje de hombres justos", con su "Pueblo elegido", o ese día ninguno de esos seres fue a trabajar... ¡y que conste que no era Shabat! ¡Lo que se hace por petróleo, mi niño!!!!!
Te dejo abrazos. Me encantó darme un paseo por tu casa y leer cosas tan inmensamente bellas.
Diana