Ayer hace 10 años se estrenó The Matrix, una de las películas más emblemáticas de esta década, a pesar de pertenecer a la anterior.
Yo me acuerdo que fui a verla al cine con mi hermano y su mejor amigo, y que los tres salimos bastante emocionados. También recuerdo que mi hermano comentó que sería bueno que hicieran una secuela, pues había mucha tela de dónde cortar. Parece que lo mismo pensaron los hermanos Wachowski, aunque el resultado ya todos lo conocemos.
The Matrix es una cinta que contiene todos los ingredientes para ser grande. Su argumento es interesantísimo y plantea preguntas que han mortificado durante siglos a los filósofos, y que también nos ponen a pensar bastante a todos los mortales: ¿y si la realidad no es lo que parece?, ¿y si solamente estamos "programados" para interactuar de cierta forma, sin libertad alguna?, ¿qué tal si nada de lo que vemos es real?, etc.
Pero la historia no es lo único destacable en The Matrix, pues también revolucionó la industria de los efectos especiales y, hasta donde yo sé, nadie ha hecho nada más impresionante desde entonces. Ni el Silver Surfer de Los Cuatro Fantásticos, ni los Transformers, ni ningún otro blockbuster hollywoodense. La escena en la que Neo se retuerce para esquivar balas, o en la que pelea contra Morpheus, o los números verdes cayendo en la pantalla son parte de la memoria colectiva, y las parodias e imitaciones no han cesado hasta la fecha.
El soundtrack también es espléndido. Marilyn Manson, Propellerheads, Rage Against the Machine y Rob Zombie, entre otros, aderezaron cada golpe de Neo, cada patada de Trinity, cada segundo de un guión estupendo.
The Matrix es una película de culto generalizado, una película que simplemente tenía que existir y la cual no me cansaré de ver nunca.